Pinélides Fusco: el fotógrafo de Perón

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Un libro reúne la obra de Pinélides Fusco, el fotógrafo de Perón, autor de imágenes emblemáticas que dejaron huella en la construcción del imaginario peronista.

 

Las fotografías logran condensar las miradas. Las del fotógrafo que eligió ese momento y las de quien las mira. Las fotografías que se ofrecen en Fusco, el fotógrafo de Perón no escapan a este engranaje pero a la vez permiten una conexión particular con la historia reciente y con un personaje hasta ahora anónimo. Autor de placas memorables, también logró un conjunto de imágenes que conforman una obra, una forma de ver. Pinélides Fusco es el fotógrafo de Perón.

Matías Méndez es el autor de este libro, quien se encargó de encadenar las imágenes en un relato que va de lo profesional a lo personal, a lo íntimo. Méndez es periodista, hoy dedicado a la prensa política, pero además es el nieto de Fusco. El libro, publicado por Aguilar, permite mirar un momento de la historia del país a través de los ojos del reportero gráfico. Una mirada privilegiada.

Durante años, Matías Méndez compartió sus meriendas con su abuelo. Con paciencia, Pinélides le cortaba tabletas de chocolate que compartían. Para él, su abuelo era eso, ese momento compartido, charlas. Un diagnóstico de Parkinson hizo que durante bastante tiempo el tipo, su abuelo, no saliera mucho de su casa. El tipo, su abuelo, reportero gráfico y docente, había sido el fotógrafo de Perón y Evita y quien tomó imágenes clave que sirvieron para la construcción del relato peronista de entonces y que hasta hoy se escribe y reescribe.

El abrazo entre Perón y Evita cuando ella se despide de su pueblo; Perón y su pasión por las motos y autos; Evita vestida de gala o en un encendido discurso pero también con el pelo suelto en una imagen icónica que luego será emblema en los 70 son tan sólo algunas de las cientos de fotos que Fusco tomó en su paso por la Secretaría de Información Pública manejada por entonces por Raúl Apold.

“Cuando su archivo de fotos llegó a mis manos ahí me di cuenta de quién había sido en realidad mi abuelo” dice Méndez, hoy a cargo de la comunicación externa de la Gobernación de la provincia de Buenos Aires. El archivo fue resguardado, escondido, por su abuelo ante la inminencia de la Revolución Libertadora. Durante años quedó bajo el cuidado de un hermano de Pinélides que tenía una curtiembre.

 

Fallecido Fusco, el archivo pasó a manos de la madre de Méndez y ahí apareció un tesoro. Al meterse de lleno entre los negativos, placas y copias sintió que estaba no sólo ante la posibilidad de un libro sino también ante la obra de un fotógrafo. Porque Fusco fue Fusquito, como le decían Perón y Evita, pero también fue fundador e integrante de grupos como la Carpeta de los Diez o Forum, junto Annemarie Heinrich, Max Jacoby, Fred Schiffer o Sameer Makarius, entre otros.

El dato no es menor. Al recorrer el libro, al observar las fotos publicadas, algo de su interés por la relación entre arte y fotografía se vislumbra. Quizá no tanto en las imágenes tomadas al por entonces matrimonio presidencial, aunque también, sino más bien en la serie sobre obra pública y la dedicada a los inmigrantes. No escapan a esta relación los retratos a artistas.

 

Quizá por eso, Matías Méndez, su nieto, eligió una frase de Henri Cartier Bresson para abrir el libro: “La fotografía es una forma de inteligencia”.

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