Se perdieron 3,7 millones de puestos de trabajo

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Según un relevamiento de Capacitación y Estudios sobre Trabajo y Desarrollo (CETyD), el espacio especializado en el mundo del trabajo de la Universidad Nacional de San Martín, “el daño que la pandemia le causó al mercado laboral en nuestro país fue directamente proporcional a la situación de extrema vulnerabilidad que caracterizaba al empleo antes de la irrupción del COVID-19”.

Entre los meses de abril y junio de 2020 tuvo lugar una acelerada destrucción de puestos de trabajo. En relación a un año atrás, se contabilizaron 3,7 millones de personas ocupadas menos en todo el país (la tasa de empleo registró una caída interanual de casi 10 puntos, pasando del 42,6% al 33,4%).

La principal expresión de la crisis laboral fue la muy significativa caída de la tasa de actividad (que mide la cantidad de personas que tienen trabajo o lo buscan activamente). El indicador pasó del 47,7% al 38,4% entre los segundos trimestres de 2019 y 2020, lo cual da cuenta que 3 millones y medio de personas se retiraron del mercado laboral (es decir, dejaron de tener trabajo o de buscarlo activamente). Ese fenómeno debe entenderse en el marco del aislamiento social dispuesto por el gobierno nacional: considerando las restricciones a la circulación, la mayor parte de quienes perdieron su fuente de trabajo no buscaron activamente otra sino que,
por el contrario, ante la imposibilidad fáctica de hacerlo, se retiraron del mercado laboral.

Por su parte, el desempleo se incrementó del 10,6% al 13,1% en el último año. Así, el número de personas desocupadas aumentó en 140.000, pasando de 2,15 millones a 2,29 millones.

Los principales afectados por la destrucción de empleo fueron quienes estaban insertos en las modalidades ocupacionales más precarias e inestables. El 83% de la caída del número de ocupados se explica por los asalariados informales y los trabajadores por cuenta propia.

Las políticas de sostenimiento del empleo implementadas por el Estado Nacional permitieron que el empleo formal en relación de dependencia no fuera impactado del mismo modo que las inserciones ocupacionales más precarias e inestables. Pero la alta proliferación de esas modalidades de menor calidad determinó que las políticas tuvieran un alcance acotado y que el impacto de la crisis terminara siendo profundo.

La elevada vulnerabilidad de los mercados laborales más precarizados queda en evidencia al contrastar el impacto que tuvo la pandemia en los países latinoamericanos en relación a lo ocurrido en Europa, donde la situación fue contenida de manera más eficaz debido a la mayor proliferación de empleo formal en sus estructuras ocupacionales.

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