Los límites de Moyano

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por Lucas Carrasco

La imponente movilización que encabezó Hugo Moyano en la 9 de julio fue respondida por el gobierno con la presencia de Macri en Concordia, la capital del peronismo litoraleño, cantándole feliz cumpleaños (no es chiste, es literal) en pleno acto de inauguración de nada, al gobernador entrerriano Gustavo Bordet.

Poco como respuesta.

Probablemente, el gobierno nacional encuentre en el líder camionero el espacio vacante que dejó el kirchnerismo tras la derrota electoral de Cristina en 2017, como ogro al que demonizar y culpar de todos los fracasos del gobierno.

La derrota electoral de Cristina obró para el gobierno como si, en el 2012 se hubiera aplicado la Ley de Medios: ¿a quién le iba a echar la culpa de todo la entonces presidente sin la presencia abrumadora de Clarín?

La oposición, en su totalidad, reaccionó como buscaba el gobierno, poniendo a Moyano en un lugar de líder aglutinador. Incluso el peronismo al que Macri le canta el feliz cumpleaños quiere que el gobierno nacional encuentre alguna resistencia para negociar en mejores condiciones, porque ellos fueron también los grandes derrotados de esa jornada electoral del 2017.

Ahora bien, quienes se ilusionan con un Moyano líder de la oposición, que pueda cobijar en una propuesta electoral bajo su ala a las distintas islas del archipiélago opositor, se van a topar con una desilusión.  Incluso en el improbable caso de que Moyano quisiera ocupar ese rol, hay un asunto de fondo que explica el triunfo de Cambiemos y su eficacia discursiva en los escenarios electorales. Se montan sobre un triunfo cultural aplastante por parte de la cultura posmoderna y entroncan la clásica meritocracia de la filosofía liberal con la tradición sarmientina y el otrora Estado de Bienestar a la criolla creado por Perón. Tanto la tradición sarmientina como el Estado de Bienestar constituían un matrimonio que se evaporó en la realidad pero no en los sueños del argentino promedio: el estudio como motor del progreso individual. Aunque en la versión peronista y radical de antaño, así como en las actuales izquierdas, este progreso es social y colectivo además de individual, o precisamente por eso mismo. “Nadie se realiza en una comunidad que no se realiza” dijo Juan Perón.

Pues bien, el posmodernismo ha hecho trizas este aspecto de colectividad, de solidaridad social y de comunidad: la meritocracia es ahora un modo individual, exclusivamente individual, de progreso, siempre y cuando las “reglas de juego” (o sea, las reglas del libre mercado”) sean claras y limpias para desatar la potencialidad oculta en cada uno de nosotros y bla, bla, bla. Los hombres se realizan ya no en el trabajo sino en el consumo. Y la autoexplotación que conlleva el emprendedurismo new age es la meca de esta religión triunfante.

Para mal o para bien, Moyano representa lo contrario, fuera del reducido grupo de los trabajadores de su gremio, quienes apoyan a Moyano porque les permite un nivel de consumo envidiable al interior de la clase obrera, sin necesidad de la menor reciprocidad excepto concurrir de vez en cuando a algún acto, lo cual explica que Moyano nunca haya podido saltar a la arena electoral.

La modalidad de izquierda del peronismo, el kirchnerismo, tuvo un triunfo cultural en muchos aspectos, pero éste se sostuvo en tanto y en cuanto la economía volaba, el consumo crecía y había prácticamente pleno empleo. Una cosa sin la otra es izquierdismo de universitarios y las dos cosas juntas requieren de una condición de posibilidad que hoy está ausente: el manejo del gobierno y de los principales resortes de la economía y la cultura que ello implica.

Nada de esto significa que el gobierno haya ganado esta pulseada, donde el claro ganador fue Moyano, pero para sus intereses, que no necesariamente son los del conjunto de la fragmentada oposición. Igualmente, esto no mejora la perspectiva de un gobierno con pésimos indicadores sociales, un descontrol económico y la promesa incumplida de mejorar la institucionalidad republicana. Pero explica por qué hasta ahora sostuvo una mayoría a su favor y ganó elecciones.

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