El mejor equipo de los 50 años comenzó el 2018 en Punta del Este

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A diferencia de años atrás, cuando pasar año nuevo en Punta del Este estaba mal visto por la sociedad, funcionarios del gabinete de la alianza “Cambiemos” recibió el 2018 en las playas de Uruguay.

Miembros del gabinete nacional, que el mismo presidente definió como el mejor equipo de los últimos cincuenta años, viajaron a Punta del Este para participar de los fuegos artificiales que se realizan cada año sobre las costas de Uruguay.

El último en desembarcar en José Ignacio, donde desde hace años tiene casa, fue el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne, quien hasta ayer se recluía en su hogar, lejos de la vidriera. La antítesis podría ser el ministro de Producción, Francisco Cabrera, el primero en instalarse en el este y dejarse ver en una exclusiva comida con famosos en el casco de José Ignacio.

El ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, no se lo vio en ningún lugar de moda despidiendo en año, sino corriendo con mucha concentración por el boardwalk de La Mansa.

Tanto al jefe de asesores del Presidente, José Torello, como al secretario legal y técnico, Pablo Clusellas, se los vio en salidas sosegadas, comiendo en selectos restaurantes de José Ignacio.

El vicejefe porteño Diego Santilli, con su mujer, Analía Maiorana, fue el último en salir del aeropuerto de Laguna del Sauce al arribar el 30 de diciembre. “Se entretuvo más de una hora en el free shop, ajeno a cualquier mirada”, confiaron.

Mucho más desapercibido pasó Iván Petrella, secretario de Integración Federal y Cooperación Internacional del Ministerio de Cultura de la Nación, en las antípodas del gobernador salteño, Juan Manuel Urtubey, que se instaló en el complejo Selenza y bajó muy distendido a la playa de Punta Piedras.

Jorge Macri, un histórico del balneario, se instaló en su departamento de Terrazas de Manantiales. Y el secretario general de la Presidencia, Fernando de Andreis, eligió, como la mayoría del círculo rojo de Pro, José Ignacio. Pero, a diferencia de otros años, los políticos no hicieron mucha playa. Mucho menos aceptaron contactos con la prensa.

El más férreo en esa postura fue Marcos Peña, que, a 75 km del ruido esteño, se instaló como todos los años en el apacible balneario Guazuvirá, en Canelones.

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