La torturaron, la golpearon y le escribieron con un punzón en su panza

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Un grupo no identificado secuestran y torturan a una maestra que reclamaba junto a sus colegas por la situación edilicia de su escuela. Los torturadores le pusieron una bolsa en la cabeza a la docente atacada y escribieron con un punzón sobre su panza ‘ollas no’.

 

Desde el gremio de Suteba denunció que a Carina De Bonis le pusieron una bolsa en la cabeza para que no pudiera identificar a sus captores y en el abdomen le escribieron “Ollas no” con un punzón. Por los problemas en el edificio, los docentes del CEC 801 estaban sin dar clases y habían armado una olla popular. Ya habían recibido amenazas.

 

Una docente del CEC 801 de Moreno fue secuestrada, golpeada, introducida en el baúl de un auto, donde las tres personas que la atacaron le escribieron en el abdomen, con un punzón, en un claro acto de tortura: “Ollas no”.

 

La leyenda alude al trabajo que vienen realizando los docentes, en esa escuela, para dar de comer a los alumnos y realizar en las plazas del barrio clases al aire libre porque los colegios de la zona están cerrados en repudio a la muerte Sandra Calamano y Rubén Rodríguez.

 

Antes del secuestro de la docente, en la escuela se habían recibido amenazas de muerte, una de ellas señalando que los educadores que participan de las actividades iban a aparecer en el cementerio de Moreno. A Corina de Bonis, le pusieron una bolsa en la cabeza para que no pudiera identificar a sus captores, informó anoche en conferencia de prensa el Suteba, encabezado por su titular, Roberto Baradel.

 

La mujer, acompañada por su esposo, sigue internada en el Hospital de Moreno y hoy se realizará una marcha para repudiar el hecho. La gobernadora María Eugenia Vidal repudió el hecho y dijo que se cruzó “un límite”.

 

El ataque a de Bonis ocurrió a las 5 de la tarde, en pleno día, cuando ella se dirigía a su domicilio. Otras dos docentes de la zonas recibieron amenazas durante toda la semana.
Corina de Bonis, es una docente del Centro Educativo Complementario del barrio Villa Anita que participaba de la olla popular organizada por la institución que funcionó hasta la semana pasada, cuando los docentes decidieron levantar la iniciativa por repetidas amenazas.

 

Tras la explosión de la escuela 49 en Moreno que visibilizó el deplorable estado edilicio de los establecimientos educativos bonaerenses, las clases continúan suspendidas. Al igual que sucede en otras escuelas de la zona, en el Centro Educativo Complementario 801, del barrio Villa Anita, las familias y docentes organizaron una olla popular para no cortar el servicio de comedor, que para muchos niños es la única comida del día.

 

Los docentes decidieron continuar con la iniciativa popular pero 6 días después recibieron una nueva amenaza. “Nos pasaron un papel por debajo de la puerta que decía ‘Siguen ustedes’. Al principio no entendíamos, pero cuando salimos del CEC vimos que había tres autos rayados, que pertenecían a docentes del CEC. Pese a esto, decidimos seguir”, relató la directora.

 

El miércoles de la semana pasada, sin embargo, llegó una tercera amenaza, de mayor violencia aún, que convenció a las docentes de levantar la olla popular. “En el parabrisas de uno de los autos dejaron un papel que decía ‘La próxima olla es en Roldán y Güemes. No todas tienen auto’. Esa es la dirección del cementerio, así que esto nos terminó de partir. Nos dio mucho miedo porque la amenaza era bastante concreta.

 

Y en una asamblea docente decidimos no continuar con la olla”, explicó Mendel Revilla.
Según denunció la directora, otras escuelas de la zona también fueron amenazadas. Incluso, en la zona se hizo una panfleteada con carteles que decían “Vuelvan a dar clases” y “No hagan política”.

 

Desde la primera amenaza, el CEC 801 venía solicitando al Servicio Alimentario coordinado por la Dirección de Consejos Escolares una vianda más elaborada. “Recién después de la tercer amenaza nos enviaron una vianda mejor, que consiste en dos empanadas y una fruta. Pero las familias se organizaron y decidieron continuar con la olla, en una calle a tres cuadras del CEC, donde vive una de las madres”, contó la directora.

 

Se trata de un grupo de 10 madres que consideran que la nueva vianda también es muy pobre, no alcanza para alimentar correctamente a un niño. “Esas amenazas que recibieron en el CEC son políticas. No quieren que se muestre el hambre que tenemos. Pero el hambre existe, así que decidimos continuar. A la mañana damos desayuno, al mediodía almuerzo. Y ayer también dimos la merienda”, contó una mamá que organiza la olla.
La sorpresa, para ellas, es que no fueron únicamente niños los que se acercaron a comer.

 

La olla es organizada con las donaciones que habían sido recibidas por el CEC en los últimos días. “Contamos con el día a día, no sabemos hasta cuándo nos va a alcanzar. Hay días que entre las madres juntamos plata para comprar un poco de carne picada. 

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