Ex hija de Etchecolatz dijo que rezaba para que “el genocida se muriera”

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Mariana Dopazo, quien renunció a su condición de hija del genocida Miguel Etchecolatz, confesó que junto a su hermano rezaban para “pedir que se muriera en el viaje de regreso a su casa”, en alusión al el ex jefe de la Dirección de Investigaciones de la Policía de Buenos Aires .

“Crear una vida propia, a las sombras de mi progenitor, uno de los genocidas más siniestros de nuestra historia, fue muy difícil. Siempre rodeados de armas, acompañados de custodia policial y metidos en una burbuja. Mi vieja hacía lo que podía, amenazada recurrentemente por él: ´Si te vas, te pego un tiro a vos y a los chicos´”, relató la mujer.

A través de un artículo publicado en la revista La Garganta Poderosa, Dopazo señaló que “Cada vez que él volvía de la Jefatura de Policía de La Plata, nos encerrábamos a rezar en el armario con mi hermano Juan, para pedir que se muriera en el viaje. Sí, eso sentíamos, todos los días de nuestras vidas”.

A la vez, manifestó que “vivir con Etchecolatz significaba no tener paz, hacer lo que decía y acostumbrarse al miedo de abrir la boca, porque podría venirse la respuesta más terrible”. En ese sentido, la ex hija, que renunció al vínculo familiar con el represor, se definió como “bastante rebelde” y recordó que como “lo desobedecía tanto como era posible, se repetían sus golpes”.

Dopazo cuestionó el “doble silencio” del represor, quien “no habló con su familia ni frente a la Justicia” respecto de los crímenes de lesa humanidad que cometió, y consideró que con esa actitud “corporizó lo más terrible en todo momento, sin importarle jamás el otro y convirtiéndose en el símbolo más cruento del aparato represivo”.

Respecto al beneficio de la prisión domiciliaria que obtuvo Etchecolatz, la mujer expresó: “Días atrás, mientras visitaba a mi familia me enteré que ahora tendrá el privilegio de irse a su casa. ´Es imposible que le den la domiciliaria´, me aseguraba mi mamá, para tranquilizarme. Hasta que nos llamaron para avisarnos. Todo se convirtió en silencio. No pude pensar, ni hablar más. Así estuve la noche entera, tratando de salir de la oscuridad”.

“Ante semejante noticia, no puedo imaginarme lo que sentirán quienes lo sufrieron y menos todavía quienes deberán convivir con él, en el mismo barrio marplatense. Sólo dos tipos de personas conocen verdaderamente a un sujeto como él: sus víctimas y sus hijos. Por eso, a mí que no me lo vengan a contar”, agregó.

Dopazo concluyó: “Nadie puede venderme el discurso de la reconciliación, ni el cuento del viejito enfermo que merece irse a su casa. Quienes conocemos su mirada, sabemos de qué se trata. Hay centenares de genocidas con prisión domiciliaria, pero él nos hierve la sangre porque representa lo peor de esa época, tras no haberse arrepentido de sus acciones”.

“Justo y reparador sería que Miguel Osvaldo Etchecolatz estuviera para siempre en una cárcel común, hasta el final de sus días. Como sociedad, debemos luchar para que vuelvan atrás con esta decisión inadmisible”, cerró la mujer.

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