México Moderno. Vanguardia y revolución

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La muestra México Moderno. Vanguardia y revolución, que se inaugurará el jueves en el Malba. Con ella, el museo reabrirá al público tras una serie de reformas que lo mantuvieron cerrado tres semanas. Son 170 obras de más de 60 artistas de la primera mitad del siglo XX entre ellos  Frida, Rivera y Orozco que pueden verse desde el jueves.

 

La muestra invita a recorridos directos, cómplices, reflexivos o, como sugirió el premio Nobel de Literatura 1990, para hacer con “la mirada imantada”. En cuatro núcleos temáticos se podrán ver por primera vez en la Argentina obras de Diego Rivera, como la monumental Río Juchitán, y otras de David Alfaro Siqueiros, Rufino Tamayo y Frida Kahlo. De ella, emblema de la cultura mexicana en el mundo entero, se exhibe la “obra con espejo” Fulang Chang y yo, propiedad del MoMA.

 

La invasión mexicana en Buenos Aires no sería completa si faltaran trabajos de artistas menos conocidos, cuya obra perdura a la sombra de los grandes nombres. En la órbita de Rivera, Siqueiros y José Clemente Orozco, trabajaron pintores como el Dr. Atl (seudónimo de Gerardo Murillo) y su pareja, la extraordinaria y redescubierta Nahui Ollin (seudónimo de Carmen Mondragón, de la que se exhiben dos obras encantadoras), Agustín Lazo y la pintora de Jalisco María Izquierdo, que cautivó a Antonin Artaud.

 

Influida por el espíritu colaborativo que gobernó el trabajo de los artistas en los años revolucionarios, la exposición parte de un acuerdo del Malba con el Museo Nacional de Arte de México (Munal) y se incluyen obras de distintas colecciones públicas y de particulares. Pinturas de pequeño, mediano y gran formato, fotografías de Tina Modotti e Imogen Cunningham, grabados, máscaras indígenas y dibujos nunca antes vistos de Kahlo fueron organizados en segmentos temáticos por tres curadoras: Victoria Giraudo, del Malba, y Ariadna Patiño Guadarrama y Sharon Jazzan Dayan, que viajaron desde México. El Munal posee más de tres mil metros cuadrados y alberga obras que abarcan cinco siglos de historia: uno de los capítulos más importantes está ahora en Buenos Aires.

 

En México moderno se perfila una muestra dentro de la muestra mayor. Las distintas etapas de Rivera, su relación con el cubismo y con la lucha revolucionaria (que dotó su obra de cierta pesadez) aparecen iluminadas. En el marco de la exposición se exhibe por primera vez la hermosa obra de Rivera Baile en Tehuantepec, recientemente adquirida por el fundador del Malba.

 

Para muchos, Tamayo es el mejor artista mexicano de todos los tiempos. Su cálida obra, para nada grandilocuente o panfletaria, se destaca junto a las obras simbolistas de Saturnino Herrán, los retratos de Adolfo Best Maugard y las sátiras visuales de Orozco, también presentes en el Malba. ¿Qué político resistiría hoy sin chistar una imagen como El demagogo, pintada por Orozco en 1946? Hay que visitar la sala dedicada a la revolución social y preguntárselo de cara a la obra.

 

La muerte tiene un lugar central en la cultura mexicana. A veces es una vieja amiga desdentada, como en el grabado de José Guadalupe Posada, artista-bisagra entre el siglo XIX y el XX. Ritos mortuorios, sueños y presagios del más allá se filtran en las obras de Manuel Rodríguez Lozano y en la única pintura exhibida firmada por Francisco Goitia, que revela con crudeza el lado B de la Revolución mexicana. Otra creadora de un memento mori tan impactante como sintético es Olga Costa, exiliada de origen alemán. Su obra se encuentra en la sala dedicada a los artistas influidos por el surrealismo.

 

El sentido de universalidad y apertura del arte mexicano se evidencia también en la cantidad de talentos que llegaron de Europa para fusionar su obra con figuraciones del mundo indígena. Tras los pasos de André Breton, artistas como la española Remedios Varo, la inglesa Leonora Carrington y el austríaco Wolfgang Paalen, entre otros, encontraron en México, durante los años cuarenta, una plataforma onírica, mágica y levemente desquiciada. ¿Se necesitan motivos para amar a México? En ese caso, hay que visitar el Malba de noviembre a febrero de 2018.

 

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