De China a Caminito: el fabuloso artista Ai Weiwei

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La Fundación Proa expone la obra del artista chino Ai Weiwei . Es una monumental instalación que consta de  1.254 bicicletas que forman una llamativa trama de nueve metros de alto por 16 de largo.

 

Fueron traídas en barco desde Londres, como muestra de lo que les espera a quienes vayan a ver “Inoculación”, una retrospectiva del prolífico artista que se acaba de inaugurar.  La estructura es puro movimiento, visible incluso en las fotos, donde cada bicicleta parece arrastrada por una fuerza desconocida. Y que, al admirarla en persona, de frente, se percibe como una “perspectiva infinita.

 

¿Por qué bicicletas? Objetos de uso cotidiano en China, funcionan como metáforas de cambio en un territorio que se llena cada vez más de autos. Y pueden leerse como una crítica a la producción industrial masiva, observación habitual en un activista como Ai, opuesto al régimen del gobierno de su país.

 

La obra se titula  “Forever bicycles” es una obra para recorrer y jugar. Pero no tocar, según reza un cartel pegado en el piso, aunque varios no hagan caso y posen sus dedos sobre el esqueleto metálico. Otros optan por meterse en el espacio vacío que se forma en su centro, cruzarlo a pie o, justamente, en dos ruedas. Todos indefectiblemente se paran a verla. No hay una sola soldadura, está todo ensamblado con bulones.

 

Es que esta estructura es sólo una de la treintena de obras que se expondrán en Proa desde el próximo sábado hasta mediados de febrero. Y entre las que figurarán objetos, fotos y videos, distribuidos en las salas, la vereda, la librería, y el café de la Fundación. También habrá otras instalaciones, como una formada por 15 toneladas de semillas, que parecen de girasol pero en realidad son de cerámica. Fueron pintadas a mano por cientos de artesanos para evocar el recuerdo de las dificultades y el hambre durante la Revolución Cultural china.

 

Ai es reconocido en todo el mundo por reflexionar sobre las injusticias políticas y sociales de occidente y de su propio país, donde pasó casi tres meses en la cárcel tras sus fuertes críticas al Partido Comunista. Una de sus obras más provocadoras fue tomar un valioso jarrón de cerámica de la dinastía Han, dejarlo caer al piso y documentar todo el proceso, que es en definitiva el de destrucción de un símbolo tradicional chino. Una idea que guió toda su carrera.

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