La izquierda y el trotskismo en debate

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por Sergio García

Desde hace un tiempo la izquierda en general, y el trotskismo en particular, son motivo de análisis, artículos y diversas opiniones en el campo del periodismo político y la investigación. Los hechos de diciembre contra el ajuste macrista y la complicidad del PJ, con la visibilidad notoria en la calle de las fuerzas trotskistas -entre ellas nuestro partido, el MST- motivaron una nueva vuelta de tuerca en la preocupación del régimen político imperante, entre sus ejecutores, cómplices y escribas. Nuestro país tiene una rica historia trotskista de la cual somos una corriente fundadora* y desde el Argentinazo de 2001 hasta hoy, el trotskismo en diversas vertientes ha seguido avanzando hasta colocar a esta corriente en la primera línea de las expresiones de la izquierda argentina.

En este contexto, distintos medios han venido escribiendo sobre el accionar y el peso del trotskismo. Y vale como ejemplo del interés y la preocupación que suscita el tema, la columna de opinión publicada días atrás en Clarín, de autoría de Marcos Novaro, bajo el llamativo título “La izquierda, en problemas”. Artículo que refleja más los problemas del gobierno y sus medios para comprender la dinámica del proceso ascendente que podemos adquirir desde la izquierda, que los problemas reales que en la izquierda existen, que no son abordados por el autor, y que sí debieran ser afrontados críticamente por la enorme militancia que componemos las organizaciones de la izquierda en general y el trotskismo en particular.

Izquierda, trotskismo y PJ

Por un lado Novaro, correctamente, marca el antagonismo entre el PJ en crisis y la vieja dirigencia sindical, frente al trotskismo, de quien el autor dice: “¿Quiénes, si no ellos, pueden conducir el gremialismo alternativo, “democrático” y honesto, que hoy hace falta?, si siempre denunciaron las prácticas opacas y la inconsecuencia de la burocracia sindical, ¿quién más podría beneficiarse de su caída en desgracia?” La vida real dentro de sindicatos y en las luchas en curso tanto obreras, como en la juventud y el movimiento de mujeres marca esa posibilidad; son miles las y los trabajadores y jóvenes que encuentran en el trotskismo una vía de organización política y de lucha consecuente. Hasta aquí, la hipótesis y el análisis tienen un ángulo verdadero.

Mas a la vez el autor se mete por un camino equivocado, al pretender aconsejar al trotskismo cuando dice: “Una pena, si después de haber resistido al menos en parte la cooptación K, la izquierda argentina se deja llevar aún más extendidamente a esta ola de antimacrismo virulento”. Sacando a la luz una mezcla de antikirchnerismo a destiempo, con ciertos deseos de que no seamos tan duros frente a Macri y su gobierno.

En realidad, la posición correcta de la izquierda y el trotskismo, es convocar a la más amplia unidad en la calle contra todas las políticas macristas. No se trata de “pegarse a los K” como cree Novaro, sino de convocar sin sectarismo a toda la clase obrera y al pueblo en general para construir un verdadero y unitario plan de lucha que frene y derrote el ajuste macrista. Y dentro de ese llamado político, lógicamente nos dirigimos también a la base social que supo apoyar el proyecto kirchnerista que nosotros no compartimos, pero que conlleva en su seno honestas y honestos compañeros, militantes y votantes que hoy ven con cierta decepción el presente y el futuro dentro del PJ. Somos unitarios en la lucha con esas bases y críticos de sus conducciones que no se plantean romper con el pejotismo, preparando así nuevas frustraciones. Y somos “virulentos antimacristas” porque es lo que corresponde frente a un proyecto de entrega, ajuste y represión salvaje. Toda otra posición sería de complicidad, y para esa posición, ya hay demasiados actores políticos y sindicales en nuestro país.

Los reales problemas de la izquierda

Está claro que en la izquierda, y en el trotskismo como principal corriente político-ideológica de nuestro país, hay problemas a resolver y desafíos a superar. Quienes desde su propio seno no ven esta necesidad ni la asumen críticamente, creyendo que todo va bien, están fuera de la realidad. Pero esos problemas no son los que refleja el analista de Clarín ni otros de similar enfoque. Sino los problemas y retrasos para convertir a la izquierda en opción de poder político y social en nuestro país. Novaro dice que los trotskistas somos “una simpática curiosidad mientras somos marginales”. Y agrega a tono de pregunta: “Pero si se volvieran más gravitantes, ¿no pasarían a ser dañinas para la democracia?”

En la pregunta que preocupa al autor, está el centro de los problemas a resolver por la izquierda. Porque tanto temor a un salto cualitativo en la influencia y el crecimiento político del trotskismo, confirman precisamente que es posible lograrlo. No hay mandatos divinos que lo impidan. Se trata entonces de ver cómo intentar hacerlo y entre quienes.

Y aquí radica lo esencial que pretendemos plantear; en la medida que no haya un salto en la unidad en la lucha política y en las luchas sociales de gran parte de la izquierda, es prácticamente imposible dar un salto de calidad. La negativa de las fuerzas del FIT de avanzar a una unidad mayor con Izquierda al Frente (MST-Nuevo MAS) y con otras fuerzas de izquierda, actúa como un obstáculo al propio crecimiento de la izquierda. Y mantiene al FIT como cooperativa electoral, sin proponerse un rol verdaderamente progresivo que ayude a dar vuelta todo este régimen y sistema antidemocrático y decadente.

Este problema central, queremos ayudar a resolver desde el MST. Para eso construimos nuestro partido e Izquierda al Frente, y estamos abiertos a ampliar esa unidad que venimos construyendo. Para eso seguimos también, pese a las críticas que tenemos, proponiéndole al FIT que revea su cerrazón y abramos en común un debate profundo y democrático entre los dos frentes que hay en la izquierda argentina. Solo el comenzar a abrirlo causaría tal efecto político que, seguramente, nuevos analistas de medios hegemónicos, dedicarían artículos y páginas a tratar de entender el fenómeno.

Si se transitara un camino así, sería también un canal de organización y motivación para miles y miles de simpatizantes y amigos de la izquierda. Y atraería mucho más aún, a las y los desencantados de viejas experiencias del peronismo. A la par que fortalecería todo el proceso de lucha y de nueva dirección sindical. Parece increíble, pero hay todavía en el FIT una tendencia marcada a impedir este proceso. La pregunta es: ¿hasta cuándo? Hay que dejar de ser, aunque sea inconscientemente, funcional al régimen actual obstaculizando la unidad de la izquierda que hace falta. Los pasos comunes en apoyo a las luchas en curso, la convocatoria a encuentros del sindicalismo clasista junto al Posadas y otras iniciativas, bien pudieran ayudar a cambiar esa tendencia de división. Ya veremos si es así o no.

Mientras tanto, seguimos invitando al activismo y a los miles de simpatizantes de la izquierda a ser parte de este debate y a sumarse, quienes quieran, a nuestro proyecto político. A pelear juntos por una perspectiva unitaria, anticapitalista, socialista y de clase. Vienen tiempos de confrontación y la izquierda y el trotskismo estaremos a prueba. El problema más importante de la izquierda y el trotskismo, es cambiar la cultura de la división y animarnos a forjar un gran movimiento político unitario que impulse la movilización en todos los terrenos. Esa es nuestra propuesta.

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